• El beneficiario de un seguro de vida es la persona física que recibirá la indemnización prevista en las condiciones generales del seguro. Esta persona debe haber sido seleccionada por la persona asegurada como beneficiario del mismo y así ha de constar en la documentación justificativa de la póliza. El beneficiario puede designarse tanto en el momento de la contratación del seguro como en una fecha posterior.
  • Convencionalmente, el tomador del seguro, elige a los beneficiarios en virtud de lazos de parentesco (hermanos, hijos, descendientes en general...). Aunque el grado de familiaridad entre el asegurado y el beneficiario no tiene efecto alguno en la aplicación de las cláusulas contempladas en la póliza.
  • El número de beneficiarios que pueden figurar en el seguro es ilimitado, siempre y cuando se consigne el porcentaje de la indemnización que recibirá cada uno de ellos.
  • El asegurado tiene la potestad de seleccionar un beneficiario concreto o hacerlo de forma genérica (los hijos, el cónyuge...), en cuyo caso la póliza seguirá siendo válida, aunque haya aumentado o disminuido el número de beneficiarios existente en la firma del seguro. De igual manera, la legislación vigente permite que el beneficiario sea una persona física o jurídica (por ejemplo, una sociedad).
  • En los casos en los que el asegurado fallezca sin haber designado ningún beneficiario, la compañía aseguradora procederá al reparto de la indemnización entre los descendientes o familiares directos del asegurado que figuren en el testamento. El reparto se realizará de manera equitativa entre todos ellos. Un último aspecto a tener en cuenta es que el seguro de vida no se liquida de manera automática, deben solicitarlo los beneficiarios del mismo.

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