• La póliza es la constatación de la vinculación entre la compañía aseguradora y el cliente. Básicamente la póliza establece que la compañía tiene que indemnizar a su cliente en el caso de que se produzca cualquiera de las eventualidades que figuran en el documento. Al mismo tiempo, la persona que ha contratado el seguro se compromete a pagar una cantidad periódica a cambio de esa cobertura, lo que se conoce como la prima.

 

  • Es el dinero que paga el asegurado por las coberturas que recibe. Este hecho se complica cuando empezamos a hablar de los tipos de prima, que van en función de la periodicidad en la que se realizan los pagos y también del respaldo que tiene el seguro. Obviamente a mayor cobertura, mayor será la prima.

 

  • Son numerosos los factores que se tienen en cuenta a la hora de calcularla. Uno fundamental es la edad del asegurado. Sobra decir que una persona más mayor tendrá que pagar una prima más elevada que otra más joven. La salud es otra circunstancia que influye, ya que de esta manera se precisa si una persona tiene más posibilidades de sufrir una determinada enfermedad que le incapacite, por ejemplo, para ejercer su puesto de trabajo.
  • Una tercera pieza importante es la profesión que desempeña y el riesgo que tiene la misma. Como hemos insistido, también influye el tipo de cobertura con la que se quiera contar.
  • Con estos condicionantes sobre la mesa, se establecerá el valor de la prima que, al mismo tiempo fija varios tipos de pago, pudiendo realizarse de forma fraccionada o en un pago único.

 

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