El seguro a terceros es el más básico con el que podemos contar en nuestro vehículo. Incluye el seguro obligatorio que marca la ley, pero también la responsabilidad civil, la protección jurídica y reclamación de daños. Además, de forma opcional podrá contratar el seguro del conductor, la reclamación de multas, la asistencia en viaje y el subsidio en caso de retirada del carné de conducir. Sin embargo, hay una cobertura que no incluye esta póliza y que resulta muy útil: las lunas.

 

Es habitual que, en el momento más inesperado, nuestro parabrisas sufra un impacto fortuito que pueda provocar su fractura. Es un contratiempo que no entiende de formas de conducir ni de la potencia o edad del vehículo. Teniendo en cuenta el elevado coste de esta reparación, suele compensar ampliar el seguro a tercero con la cobertura de lunas. ¿Cómo se puede incluir? Es la compañía aseguradora la que marca las pautas para llevar a cabo este trámite. En algunos casos es suficiente con enviar una serie de fotografías de las lunas del vehículo al seguro para que se compruebe que se encuentran en perfecto estado. Otra alternativa es que el conductor acuda a un centro de verificación de lunas para que un experto realice una peritación. Una vez que tenga el visto bueno de la compañía, el conductor contará con un seguro a terceros con lunas.

 

 

Todo tipo de daños provocados por impactos o choques o por la caída de pedrisco. Las lunas que están incluidas son el parabrisas delantero, la luneta trasera y las laterales y el techo solar de serie. Además, Pelayo incluye en esta cobertura los daños por atropellos a especies cinegéticas. En este tipo de animales se incluyen las siguientes especies: liebre, conejo, zorro, jabalí, ciervo, gamo, corzo, rebeco, cabra montés, muflón y arrui.

 

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