Quizás muchos aún recuerden de su infancia cómo había un hombre que, puerta por puerta, de cuando en cuando, visitaba las casas cobrando dinero con un siniestro motivo: tener asegurado el entierro llegado el momento. De hecho, en algunas zonas rurales aún existe esta figura con la que los asegurados tratan encantados, ya que significa que siguen vivos. Esta costumbre tiene su origen atrás, muy atrás en el tiempo… en la época el Imperio bañado por el Nilo.

Pese a que los inicios históricos del Antiguo Egipto se remontan al año 5.500 a.C, tenemos que irnos hasta los albores del Primer Periodo Intermedio, allá por el 2.225 a.C, para encontrar el origen de esta curiosa historia. Fue durante este periodo cuando se comenzó a extender una práctica pionera en la tierra de los faraones.

Como bien es sabido, los ritos funerarios egipcios eran caros, complejos y necesarios para poder pasar a la siguiente vida. Pensando en cómo asumir los costes y no sabiendo muy bien cómo gestionar de manera póstuma el importante evento, muchos egipcios, principalmente de clase alta, comenzaron a crear asociaciones que gestionaran dichas situaciones. La forma de operar de éstas era, básicamente, que todo aquel que se uniera debía pagar una cuota periódicamente. Así, cuando se daba el fallecimiento de algún miembro de la asociación, el resto de miembros sufragaba sus caros ritos funerarios con el dinero ahorrado con las cuotas. De esta manera, formando parte de la asociación, uno se aseguraba el correcto paso al mundo del más allá. Unos pioneros, como los fenicios.

En esta costumbre encontramos un serio paralelismo con un actual seguro de decesos mediante el cual podemos sufragar los gastos de funeral, entierro, etc. Y es que, ¿qué mejor manera de dejar este mundo en paz sabiendo, con certeza, que todo está cubierto y garantizado?. De esa manera, uno puede dedicarse a disfrutar plenamente de su siguiente vida en el más allá… o donde sea.