Con la llegada del verano y la exposición al sol debemos tener en cuenta más que nunca el cuidado de la piel. ¡Te lo explicamos todo!

Las horas de luz aumentan, las temperaturas suben y pasamos más tiempo en la calle. Y mucho más si tenemos en cuenta que venimos de un confinamiento donde tomar el aire fresco se ha convertido en lo que más queremos ahora mismo. Estas señales son un síntoma inequívoco de la llegada del verano. Pero al mismo tiempo, en nuestras cabezas se tiene que iluminar una luz roja de alerta. El aviso de que es momento de cuidar con más empeño nuestra piel. Por este motivo, cada 13 de junio se celebra el Día Europeo de la Prevención contra el Cáncer de Piel. Una jornada ubicada en una fecha estratégica para que, antes de que el sol apriete, tengamos claros los riesgos de las exposiciones prolongadas y sepamos cómo protegernos de sus rayos.

Cada vez existe una mayor conciencia en la población de que el sol no es ningún juego. Esto implica que broncearse en exceso no es una costumbre saludable. Al margen de otros problemas que puede provocar en la piel, el sol es el causante del melanoma. El cáncer de piel aparece inicialmente como una mancha oscura que va tomando relieve. Por este motivo es fundamental hacer uso de nuestro seguro de salud y acudir al dermatólogo cuando detectemos la presencia de una mancha nueva en la piel, cambios en algún lunar y, por supuesto, si una zona se vuelve total o parcialmente negra. Todos debemos tomar medidas para prevenir el melanoma, pero mucho más las personas con antecedentes familiares de esta enfermedad, las que tengan piel clara o múltiples lunares.

Consejos para proteger la piel en verano

Huir de las horas centrales y las exposiciones prolongadas. El sol siempre supone un peligro para nuestra piel, pero mucho más entre las 12:00 y las 16:00 horas cuando sus rayos impactan en nuestro cuerpo verticalmente y con más fuerza. Asimismo, hay que huir de exposiciones prolongadas. Los expertos aseguran que con diez minutos es suficiente para adquirir la vitamina D necesaria para el organismo evitando el enrojecimiento. Incluso es posible prolongar ese contacto hasta los 30 minutos, pero en ningún caso más.

Una buena protección solar. Para enfrentarnos al sol necesitamos un escudo, y ese se llama protección solar. Da igual que nos enfrentemos a los rayos diez minutos o media hora. Que estemos caminando o montando en bici. Que prefiramos estar todo el tiempo en el agua o debajo de la sombrilla. La protección solar es la mejor arma contra el melanoma. El uso de una crema SPF 50+ nos proporcionará ese escudo fundamental porque, sin ella, no llegará el bronceado, sino las quemaduras.

Hidratación posterior. Tan importante es el uso de una buena crema solar como una hidratación posterior para evita que la piel se reseque y comience a escamarse. Esa hidratación no solo se le proporciona a nuestra fiel en forma de crema ‘aftersun’ por ejemplo. También es necesario beber más agua que de costumbre y tomar zumos o batidos de frutas, por ejemplo.

Revisiones en el dermatólogo. Sería conveniente acudir al dermatólogo al menos una vez al año. Estas revisiones son fundamentales para vigilar nuestra piel y comprobar que no hay ninguna mancha sospechosa. Especialmente en las personas de piel clara y las que tengan antecedentes familiares de melanoma y numerosos lunares.