Cuando el cantante Luis Aguilé compuso su mayor éxito, La vida pasa felizmente divagó sobre la lata que era trabajar. Olvidó mencionar que los trabajos, además de tediosos, aburridos, o más o menos desquiciantes pueden ser peligrosos. La web Top10Like publicó recientemente un listado con las diez profesiones más peligrosas del mundo. Conductor de autobuses en Guatemala, de camiones en África o de aviones en Rusia -la flota aérea del Kremlin no brilla por su seguridad- destacaban en una lista en la que también se colaban periodistas mexicanos, mineros chinos o leñadores y pescadores de todo el mundo.

Pero dejando a un lado profesiones más extravagantes, los riesgos laborales nos afectan a todos. Contrariamente a lo que se cree, el sector más afectado por los accidentes laborales no se encuentra en la construcción o el transporte, sino en el personal médico, pues afectan a 5’2 personas de cada cien, situándose la media en 3’5 en el resto de profesiones. Muchos de estos incidentes son inherentes a este sector, como el contagio de enfermedades infecciosas o los cortes con material quirúrgico o con jeringuillas. Sin embargo hay riesgos transversales a las profesiones, y el primero y más común empieza nada más salir de casa, al coger el transporte.

A lo largo de la historia sindical ha sido un derecho largamente reivindicado, y finalmente conseguido. Los accidentes en el desplazamiento hacia el trabajo cuentan como accidentes laborales. Incluso si ese transporte es el patinete. El tribunal supremo de Cataluña así lo dictaminó el pasado septiembre, alegando que los modos de transporte están cambiando.

Un poco más discutible fue la decisión de un tribunal alemán, que consideró accidente laboral recibir un email con contenido subido de tono. Sucedió en 2005, cuando un comisario de policía abrió el correo de un compañero de trabajo, que, a modo de broma había adjuntado imágenes digamos poco apropiadas. El comisario aseguró que las fotografías le causaron un trauma y que afectaron a su vida conyugal. El juez no pudo más que darle la razón.

EE.UU. se deja anualmente 48.000 millones de dólares (unos 42.000 millones traducido a euros) compensando las bajas y accidentes laborales, aunque la mayoría no trascienden al arreglarse entre empresa y empleado. Estas abultadas cifras no tienen comparación si las trasladamos a España, el país del Tío Sam es también aquél donde las demandas más absurdas pueden encontrar cabida. En España esto está menos extendido, quizá por eso, aquí más que en ningún sitio, es conveniente tener un buen seguro.