Es fundamental tener muy claro cómo usar correctamente la mascarilla en el interior del vehículo para que tampoco se convierta en un factor de riesgo a la hora de conducir.

Hemos tenido que aprender a convivir con ellas. La mascarilla es un complemento imprescindible en la actualidad. Garantiza nuestra seguridad y la del resto de personas en aquellos lugares donde no sea posible mantener la distancia de seguridad. Especialmente en espacios cerrados. Entre ellos se incluye por supuesto el vehículo. Si viajamos solos o en compañía de personas que conviven con nosotros no será necesario llevarla puesta. Pero cuando viajemos con otras personas, su uso es obligatorio. Pero tan importante es ponerse la mascarilla, como hacerlo bien. No hay nada peor que sentirnos protegidos cuando en realidad no lo estamos. Por eso

Ante este nuevo escenario hay que lograr un equilibrio entre la necesidad de usar mascarilla y que este elemento no dificulte la visibilidad y ponga en peligro nuestra seguridad y la del resto de conductores. Hay que recordar que la multa por llevar mal puesta la mascarilla puede alcanzar los 80 euros. Esta infracción está reflejada en el artículo 18.1 del Reglamento General de Circulación y engloba a todos aquellos elementos que comprometan “la libertad de movimientos, el campo necesario de visión y la atención permanente a la conducción”.

¿Cómo evitar que la mascarilla comprometa la seguridad del conductor?

En primer lugar, es fundamental que la mascarilla esté bien colocada para que no dificulte la visibilidad del conductor. Si se encuentra muy cerca de los ojos puede reducir en algún momento el campo de visión e incrementar las probabilidades de sufrir un accidente. Para evitarlo, es conveniente que, a la hora de conducir, usemos mascarillas con las que nos sintámonos cómodos y no tiendan ni, a tapar los ojos, ni a descubrir la nariz. No pasa nada por perder unos segundos en colocarla bien y ahorrarnos disgustos.

Los expertos alertan también que la falta de costumbre en su uso puede provocar un mayor estrés a la hora de conducir, especialmente en trayectos largos. Para sortearlo es necesario hacer paradas y así no permanecer al volante demasiado tiempo seguido con la mascarilla.

Una de las grandes preocupaciones de los conductores que usan gafas es la facilidad con la que se empañan los cristales cuando se usa mascarilla. Existen algunos trucos que neutralizan este efecto que también supone un grave riesgo para la conducción. Uno de ellos es abrir ligeramente las dos ventanas delanteras del vehículo para que se genere una corriente de aire y reducir así las posibilidades de que las gafas se empañen. Si esto no funciona, otro truco consiste untar las lentes con una pastilla de jabón seco. Acto seguido se limpia toda la superficie con un trapo limpio y también seco. De esta forma no se generará vaho en los cristales. En otras ocasiones es suficiente con llevar las gafas muy limpias y sin restos de polvo o grasa facial.

Al fin y al cabo, estamos hablando de una doble seguridad, la que nos proteja del coronavirus, pero también la que evite que suframos un accidente de tráfico.