En este blog ya hemos hablado de seguros para arriesgadas escenas de cine que se han realizado sin efectos especiales, y cómo una de las más bestias tuvo lugar en La Aventura del Poseidón, una peli que va de escapada agónica de un barco que se hunde . Pero, a veces, la realidad supera la ficción, y conviene estar preparado con un buen seguro de vida, por ejemplo.

El seguro del Titanic, en cuya bodega viajaba una momia egipcia a la que no pocos atribuyen el funesto desenlace de aquella noche del 14 de abril de 1912 frente a las costas de Terranova; solo cubría 5 millones de dólares, y no preveía en ningún caso el encuentro con un iceberg.

Del célebre transatlántico se dijo que era virtualmente insumergible, y por ello no llevaba suficientes botes salvavidas. Pero aquel maldito iceberg… Como curiosidad cabe destacar que ninguno de los miembros de su famosa orquesta, que tocó hasta el final, tenía un seguro de vida.

Asegurar un petrolero como el Prestige o cualquier otro de su especie, viejo, achacoso y con pabellón de cualquier país raro, implica no pocos riesgos, ya que los costes de un siniestro pueden llegar a ser estratosféricos.

Sin embargo, asegurar el yate de recreo de los millonarios monegascos para que vean las carreras de F1 desde sus cubiertas, tomando el sol, tomando un daiquiri y tomándonos el pelo; es muy fácil. La póliza es carísima, porque pueden pagarla, pero pocos accidentes graves pueden tener lugar en un entorno tan privilegiado y exclusivo.

Hoy día mediante los satélites, y las medidas de geolocalización más avanzadas es muy difícil que un barco se pierda en la inmensidad del océano, pero hay otros contingentes, como un inesperado coletazo de una ballena, una insolación o el caso más temido para los navegantes. Nos referimos al Kraken o calamar gigante asesino, Architeuthis dux, cuyos tentáculos pueden medir veinte metros… Un avistamiento de este animal mítico puede ir acompañado de un naufragio seguro, por lo que la póliza en este caso solo cubre el tratamiento psicológico del navegante en el caso de que el calamar pase de largo pero sus ojos se hayan encontrado, ya que los del Kraken miden más de medio metro de diámetro, y es difícil sostenerle la mirada.

Y llegamos a lo más pequeño, pero no por ello menos importante: el patito de goma. Ese que conservamos desde nuestra más tierna infancia, y sin el cual seríamos incapaces de tomar un baño confortable en la bañera de casa… ni en ninguna otra, por lo que nuestra higiene personal se resentiría en su ausencia. Nunca falta en nuestro equipaje cuando acudimos a una convención de reputados profesionales en nuestro campo (sea el que sea), y no podríamos soportar su pérdida, robo con violencia o extravío… Para ello, la llamada Póliza Patito es la solución ideal.