Carlos Berzosa, ex rector de la Universidad Complutense de Madrid, recuerda sus primeras pólizas antes de jubilarse

Carlos Berzosa, rector de la Universidad Complutense de Madrid de 2003 a 2011 y catedrático de Economía Aplicada, no recuerda con claridad cuándo firmó su primera póliza. “Creo que fue la de la moto, pero no sé si estaba a mi nombre o al de mi padre”. El paso de los años y los compromisos que se van adoptando inexorablemente, no obstante, han hecho que este madrileño nacido en 1945 haya tenido que rubricar más de un contrato.

“El del coche y el del hogar son los obligatorios”, cavila quien escribió junto a José Luis Sampedro el libro Conciencia del subdesarrollo (Taurus, 1996). “Y van cayendo unos cuantos más, pero he de reconocer que suele encargarse mi mujer, que tiene más relación por su trabajo y se entera mucho mejor”, se excusa. A pesar de esa ayuda fundamental, Carlos Berzosa también ha tenido que decidir a qué tipo de seguros acogerse según se le acercaba el retiro laboral: “Hace años contraté uno pequeño para la jubilación del que ni me acordaba y ahora, con lo que me reporta cada mes, me sirve para comprarme libros”, explica. “Creo que lo hice porque vinieron a ofrecérmelo insistentemente a mi despacho”, ríe.

La cantidad que percibe por haber accedido a esta oferta no es la única que entra en su cálculo de pensiones, aunque aún le queden unos cuantos meses para abandonar su plaza en lo que ha sido su hábitat durante décadas: el aula. “Le edad para jubilarme son los 70 años. Y aunque los cumpla a mitad de curso, me dejan terminarlo entero hasta julio”, aclara el titular de la asignatura La división Norte Sur y la Organización Política administrativa del Mediterráneo en un máster del Instituto EuroMediterráneo de la Universidad Complutense. “No es mala idea tenerlos como reserva. Con las pensiones que se quedan y la posibilidad de que no nos lleguen, una ayudita está bien”, continúa, “pero nunca me he preocupado mucho por estos temas”, desliza.

¿Conclusiones? “Cuando nos han resultado necesarios, nos han venido muy bien”, dice utilizando un plural que incluye siempre a su esposa. “Para cualquier eventualidad, son muy buenos”, concede mientras rememora el último imprevisto: “Se nos paró el coche y pensaba dejarlo pasar, pero al final nos pusimos en contacto con el seguro y nos asistieron estupendamente”, relata contento. Era un servicio de Pelayo. “Tuvimos un trato de maravilla”, señala el presidente del Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). No es mal resumen de su trato con las pólizas: pocas pegas y varios libros nuevos al mes.