Hablar de pólizas inusuales significa hablar de Lloyd’s. La historia de esta firma londinense se ha caracterizado, entre otras cosas, por aceptar la cobertura de riesgos tan insólitos como millonarios. Nada que ver con Pelayo, que se ha propuesto asegurar tus momentos cotidianos, esas pequeñas partes de tu día a día.

Las primeras pólizas curiosas de esta aseguradora se remontan a los comienzos del siglo XX. Cuando la historia de los vehículos a motor aún era muy corta, Lloyd´s firmó la primera póliza de un coche. Era 1904 y los precedentes se referían únicamente a barcos, lo cuál probablemente explique que en la póliza se describa al vehículo como “barco que navega en tierra”. Pero esto no era más que el principio. En la década de los 60, la aseguradora londinense “se salió de este mundo” –literalmente- al realizar la primera póliza de un satélite espacial, el Intelsat 1. Los seguros avanzaron en este ámbito hasta el punto de que la propia Lloyd´s organizó, exitosamente, una misión espacial en 1984 para recuperar dos satélites.

A medida que los seguros avanzaban y se especializaban, así lo hacían las excentricidades de sus contratantes. Fue así como Gennaro Pelliccia acudió a Lloyd´s para asegurar su privilegiada lengua, capaz de diferenciar entre miles de aromas de café. Y, por supuesto, la firma inglesa no iba a negarse. El valor del seguro fue de 16,2 millones de dólares. Poco después, en 2008, repitieron con un caso muy similar: la nariz del prestigioso productor de vino Ilja Gort. Este enólogo holandés firmó una póliza por un total de 10 millones de euros y entre sus peculiares exclusiones figuraba no poder conducir una motocicleta, no ser boxeador o no poder actuar como asistente de un lanzador de cuchillos.

Pero no son celebridades todos los que optan por asegurarse “partes” de sus cuerpos. Brady White, un nombre que a priori nos sonará desconocido, figura también entre la lista de clientes de Lloyd´s con un seguro que cubre su barba. ¿Y qué tiene de especial esta? Que es mágica. O así al menos lo creen los miles de niños que se sientan en el regazo de este hombre, el Santa Claus de la tienda Macy´s de Nueva York. ¿Qué puede haber más especial que asegurar la Navidad?