¿Cómo se asegura el arte? ¿Cómo anticipamos los posibles peligros que pueden acechar al cuadro más caro jamás vendido, que es, de momento, ¿Cuándo te casas?, de Paul Gauguin, subastado por 300 millones de dólares. O al siguiente de la lista, Los Jugadores de cartas, de Paul Cézanne, comprado por Qatar por 250 millones. O al que cierra el podio de los Paul/Pablo, Las mujeres de Argel, de Picasso, por 179 millones. Y cómo calcular el precio de obras como La Ronda de Noche, de Rembrandt. De La Piedad de Miguel Ángel. De La Primavera, de Botticelli.

El problema es que estas maravillas, de vez en cuando, tienen que viajar a exposiciones. Alguien, como la mujer que lanzó en Japón pintura roja a La Gioconda de Da Vinci como protesta o el joven con problemas mentales que atacó en Bilbao el cuadro Booz recibe la herencia de Elimelec de Jan Victors. Un ladrón, como en el caso de El Grito de Munch, puede llevarse la obra. A veces, puede simplemente ocurrir un accidente. Así que, insistimos, el arte tiene que estar asegurado.

En este tipo de seguro, existen diversas modalidades. Por un lado, está el llamado de clavo a clavo. Este se suscribe cuando la obra tiene que ser trasladada de una colección a una exposición temporal y su nombre hace referencia a que va desde que se descuelga en el lugar original hasta que se coloca en el destino, y viceversa. Protege el transporte, la estancia, el proceso de embalaje…

Los otros dos modelos más comunes son el seguro todo riesgo material de obras de arte, que protege la obra de siniestros causados por terceros, y el seguro riesgos nominados daños materiales obras de arte, que cubre los gastos derivados de los daños sufridos por siniestros como incendios, explosiones, caídas de rayos, daños por agua, fenómenos atmosféricos…

Algunas de estas pólizas tienen un valor astronómico. Se dice que La Gioconda está asegurada por 1.000 millones de dólares. La Conversión de San Pablo, de Caravaggio, está valorada en más de 220 millones. Lo mismo que alguno de los Pollock que circulan por ahí.

El arte, se dice también, es una gran mentira que nos acerca a la verdad. Merece la pena asegurarlo.