Moldear el precio de tu seguro sin excluir servicios puede ser clave a la hora de evitar problemas

Cercanía, transparencia y comodidad. Esa es la receta que proponen los expertos para que tanto la compañía como el cliente estén satisfechos. Los tiempos, afirman, piden una mayor capacidad de adaptación a una realidad voluble y a una ciudadanía más informada y con gustos cambiantes. En su discurso, ponen el acento en “ahorrar, pero no escatimar”.

El importe del seguro y las prestaciones que incluye. Esta ecuación, la que trata de resolver la ancestral búsqueda de máxima calidad a precio ajustado, puede resolverse de varias maneras. La primera consiste en reducir el presupuesto al mínimo excluyendo servicios. La segunda, cargar de extras el monto total y pensar que así no quedan cabos sueltos. En cualquiera de estos dos casos opuestos, lo decisivo es leer bien las condiciones y –como recuerdan los profesionales del sector– evitar el despilfarro, pero sin restringir servicios esenciales.

“Cuando se vende algo hay que ser transparente”, explican los especialistas. “La gente cada vez tiene más claras sus prioridades. Y eso incluye no querer pagar de más. Muchas veces encarecen la póliza detalles imprescindibles, y al contrario: abaratamos en servicios importantes”, detallan. ¿Ejemplos? Ahora apenas se contratan seguros de deceso (porque vivimos más al día o porque nos da un poco de temor), pero si te vas de viaje a veces hay que ponerse en lo peor y, por poca cantidad, evitar después una derrama de miles de euros. Todo se reduce, al final, al clásico ‘lo barato sale caro”.

Para ilustrar estas afirmaciones basta con preguntar a algunos usuarios. Rubén Jiménez Miguel, fotógrafo, cuenta cómo tiró de una franquicia para su póliza a todo riesgo en el vehículo que resultó excluir lo que más le importaba. “Cuando fui a cambiarle las lunas para vender el coche, no entraban y tuve que ponerlas todas yo. Lo que quise ahorrar… ¡Lo pagué!”, exclama este amante de los coches de época y los viajes pausados a lomos de una moto de baja cilindrada.

“Mi experiencia sirve bien como comparativa”, detalla un pasajero de dos automóviles con distintos seguros que prefiere no dar su nombre. “En una ocasión, un golpe en una ciudad durante un viaje nos dejó inmovilizados a mí y a un amigo. El seguro puso un taxi, billetes de tren y el traslado del coche a un taller de nuestro lugar de residencia. En menos de 12 horas nosotros estábamos en casa. Y el coche, arreglado a dos pasos”. Otra vez, rememora, el vehículo en el que volvía de viaje se averió en medio de una carretera nacional. Era de madrugada. Sólo acudió una grúa al cabo de dos horas para llevárselo un taller cercano. Ellos tuvieron el regreso pagado, pero con una espera de mediodía para adecuarse al tipo de tren que pagaba la aseguradora. Y el fin de semana siguiente, tuvieron que repetir el trayecto para recoger el coche.

El precio de uno y de otro no distaba demasiado. Simplemente, cada uno había priorizado unos servicios más o menos adecuados al uso que hacían de él. Es en lo que incide el Informe Mundial de Seguros publicado el pasado mes de febrero por la consultora Capgemini: la atención individualizada y la claridad prístina son fundamentales para una valoración positiva por parte de los usuarios. Saber qué busca el cliente y qué se le puede ofrecer adecuando la póliza a sus circunstancias es clave. Como también lo es la lectura atenta de las condiciones y de los servicios por parte del asegurado para que su decisión responda a su comodidad. Tratando, como siempre, de aunar calidad y precio sin que la riña entre ambos la pague el usuario.
Por este camino transita Pelayo, tratando siempre de dar lo máximo al mejor precio.