Terminamos un año que, sin duda, quedará marcado en la memoria de casi todos. Con imágenes grabadas en nuestra retina, y también, hasta con varias melodías resonando en nuestra mente, que han llegado a convertirse en himnos en el imaginario colectivo. Pero, sobre todo, cerramos 2020, con varias lecciones aprendidas.  

Sin duda, muchos habremos interiorizado algunas lecciones de vida. No solo desde la perspectiva de lo efímera que puede ser o no ser, o de lo que realmente queremos que la colme durante el tiempo que se prolongue. 2020, además de haber cambiado nuestro orden de prioridades, también ha sumado o restado la importancia que daremos en adelante a según qué cuestiones. Y una de ellas, para muchos, es la anticipación, la previsión. El estar protegidos de antemano.  

Sí, antes de que la emergencia sanitaria estallara, algunas voces se alzaron advirtiendo, alertando, de lo que se preveía que podía pasar. Pero, quizá, desde todas las esferas, poca atención se les prestó.  

Llegaron los hechos: reales, palpables y observados en todo el mundo en tiempo real. Pero parecía que era una de esas cosas que ocurren lejos. En Occidente parece que aún vemos ‘lejano’ el Lejano Oriente. 

Y en los albores de la primavera, esa realidad se nos presentó también. En el viejo y en el nuevo continente. Y comenzaron las reacciones. Se establecieron de medidas de contención, protección prevención. Y comenzó el debate… ¿Y si las hubiéramos puesto en marcha antes? ¿Y si nos hubiésemos anticipado? ¿Y si hubiéramos tenido previsto el escenario? ¿Y si nos hubiéramos protegido antes? 

No lo sabremos. Y no es cuestión de responsabilizar a nadie. Pero si la protección de la vida es una de las muchas lecciones que hemos extraído de esta pandemia, sintámonos desde ya responsables de proteger la vida de quienes nos importan. Anticipémonos y preveamos antes de que sea demasiado tarde. En nuestra mano está. 

Esta lección, unida a otra que también se ha dado en muchos casos, ser más conscientes de todo lo que queremos a quienes queremos, seguro que lleva a muchos a querer asegurar el bienestar de los suyos ante el peor de los escenarios. Porque sí, tu vida es importante. Y seguro que así lo sientes, en gran medida, porque la vida de los tuyos depende de la tuya.  

Y es que, si tienes hijos o personas que dependen de ti, probablemente, la mayor motivación para protegerte durante la emergencia haya sido esa, no faltar para seguir protegiéndoles, cuidándoles… Porque para muchos, “resistir para seguir viviendo…” obedece a eso, “a seguir en pie” por ellas y por ellos.  

Y proteger la vida de los nuestros no es solo cuestión a plantearnos en momentos de emergencias. Nuestra rutina, en contexto de normalidad -nueva o antigua-, no está exenta de riesgos. Efectivamente, nada puede asegurarnos la vida, pero lo que sí podemos es tratar de asegurar que el impacto de nuestra posible pérdida sea menor en las vidas de quienes se quedan. Al menos, en el plano económico, que, aunque por supuesto, no compensaría nuestra pérdida en otros aspectos, sí restaría preocupaciones en el plano financiero. Que no sea por cuestión de dinero que los tuyos tengan que renunciar al futuro, a la vida, que hubieran podido llevar a tu lado.  

Así, terminamos 2020 con esta reflexión: ante una vida que no podemos asegurar, asegura la vida y el futuro de los que se queden en la medida de lo posible.  

Anticípate, prevé y protege. Comienza 2021 y los muchos años que quedan por venir, ¡eso seguro!, protegiéndote a ti y a los tuyos. Seguro que pronto superaremos todos los obstáculos. Y retomar con normalidad nuestras vidas, con las lecciones aprendidas, seguro que las enriquecerá. Son muchos los recuerdos que faltan por grabar en nuestra mente, muchas las imágenes que nuestra retina albergará, y muchas melodías, que celebran la vida, las que nos acompañarán.   

Y como especialistas en seguros de vida, desde Pelayo Vida estamos aquí para acompañarte. Como diría Cold Play, “¡Viva la vida!”.