Los aerosoles, las microgotas que expulsamos al toser o al hablar, han sido objeto de estudio desde el comienzo de la pandemia del coronavirus. Una de las conclusiones a las que han llegado los expertos es que, en espacios cerrados sin ventilación, esos aerosoles quedan en suspensión y pueden ser un foco de contagio de la COVID-19.  

Por este motivo, la importancia de la ventilación es capital para reducir al máximo la cantidad de virus que puedan mantenerse en el airePero no solo eso. Una mala calidad del aire provoca otras afecciones respiratorias tales como el asma o alergia. Organismos como el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han elaborado guías donde se incide en la necesidad de la purificación del aire y de procurar que, siempre que se pueda, las actividades con grupos grandes se desarrollen en espacios abiertos. 

Aunque se ha insistido mucho en la importancia de ventilar espacios como bares, oficinas o superficies comerciales, también hay que prestar especial atención a las viviendas. Todos tenemos claras cuáles son las medidas de higiene que debemos seguir en el hogar, especialmente al salir y entrar. Pero hasta la fecha no se ha incidido suficientemente en la calidad del aire que hay de puertas para adentro. Así lo han puesto de manifiesto investigadores de la Escuela Politécnica Superior de la Universidad CEU San Pablo de Madrid y del Instituto Universitario de Arquitectura y Ciencias de la Construcción de la Universidad de Sevilla. Su aviso es contundente: las medidas sanitarias no son completas si se pasa por alto la ventilación de los hogares. 

Las consecuencias de una mala ventilación en los hogares 

“El mal aire también puede matar”. Con esta afirmación, los investigadores del estudio de International Journal of Environmental Research and Public Health ponen de manifiesto a qué se exponen las personas que viven en un lugar con una mala ventilación. Y no hablan solo de la posibilidad de contraer el coronavirus. La mala calidad del aire en un hogar tiene efectos directos en la salud de sus moradores al aumentar el riesgo de sufrir enfermedades respiratorias como el asma y diversos tipos de alergias.  

El estudio deja patente que, al mismo tiempo que la calidad del aire en las ciudades mejoró durante los meses de confinamiento, sufrió una merma en las casas donde, desde entonces, pasamos más tiempo. El problema es que, con la llegada del invierno, la ventilación ha bajado para evitar un mayor gasto en calefacción. Si a todo ello se le une que se emplean más productos de limpieza que antes de la pandemia, el cóctel no es nada beneficioso para nuestra salud. 

La importancia de la ventilación también ha sido puesta de manifiesto por el CSIC en una guía que se centra especialmente en espacios como las aulas. Basándose en las recomendaciones de la Universidad de Harvard, insisten en que lo ideal es realizar entre cinco y seis renovaciones de aire cada hora. También se habla de la necesidad de mantener la distancia social, usar mascarilla, emplear purificadores de aire y hacer mediciones de CO2