Cuando uno emprende unas vacaciones valora la conveniencia de asegurarse para el viaje, sobre todo con un seguro de salud, más si se trata de una escapada al extranjero. Pero, desde luego, no hay seguro que cubra los excesos que algunas estrellas de rock han protagonizado en un hotel.

Si mezclamos las palabras hotel y rock en Google pueden aparecer varias combinaciones. Aquellas que te dirigen hacia imágenes de habitaciones con decoración digna de una leyenda de la guitarra, otras que nos transportan a aquellos lugares donde pasaron sus noches los famosos o, por fin, la que da como resultado una aritmética nefasta entre lo que una estrella musical puede llegar a hacer bajo el techo de su dormitorio.

Una ecuación de resultados principalmente negativos, para desgracia y pudor de los propietarios del inmueble, a los que más les vale tener contratado un buen seguro. Bien conocidos son los rumores de saltos desde las terrazas como si de un ‘balconing’ en la costa se tratara, las carreras por esnifar a lo largo de la moqueta algo muy parecido a la cal de las paredes o las bacanales entre ‘groupies’, ‘fans’, ‘managers’ y todo tipo de anglicismos con cabida en un camerino.

Sonada es la obsesión de Keith Moon, batería de The Who, por destrozar las habitaciones de hotel. Uno de sus pasatiempos era reventar el inodoro con dinamita. Tales descargas de estrés le llevaron a fianzas de más de medio millón de dólares y a ser vetado en cadenas como los Holiday Inn, los Sheraton, el Hilton o el Waldorf Astoria neoyorquino, según cuenta la web anecdotariodelrock.com. Para celebrar su 20 cumpleaños, además de falsificar su identidad para ser mayor de edad (21 en Estados Unidos), estacionó un Rolls Royce en la piscina de un hotel. Algunos dicen que era un Chevrolet: no es mala documentación, es mala memoria.

En esa línea se movían los de Led Zeppelin. En el Andaz West Hollywood de Los Angeles destrozaron seis plantas enteras. Desde sus ventanas arrojaron botellas de champán Dom Pérignon y su representante estaba tan eufórico (sin saber, seguramente, por lo que le iba a salir semejante jauría) que organizó carreras de moto de gran cilindrada por sus pasillos.

Muy cerca, en el Joshua Tree Inn de California, el mentor del country rock Gram Parsons fue hallado muerto en una de las habitaciones. Una mala mezcla de tequila y morfina lo dejó en el colchón. Un amigo suyo robó el coche fúnebre donde viajaba su ataúd en dirección a su estado natal, Louisiana. Lo sacó del aeropuerto y volvió al Joshua Tree para cremarlo allí. Gasolina e ímpetu. Fue detenido en plena pira. Ahora, las cenizas del country man están repartidas por varios estados.

¿Todo malo? No. También está el aura bohemio del Chelsea Hotel, con sus habitaciones llenas de estrofas de Leonard Cohen, las colillas de Jimmy Hendrix o las fotos de la pareja formada entre Patti Smith y Robert Mapplethorpe. Un museo vivo que alimentó a toda una generación de regeneradores de la música. Nos ahorramos, eso sí, que Sid Vicious mató a su novia Nancy en 1978 en una de sus estancias. Ejem.