Llega junio, empezamos a pensar en nuestras vacaciones, y ponemos los ojos en el Monte Kilimanjaro, la montaña más alta de África, situada en Tanzania. Está formada por tres volcanes y, cada año, alrededor de 20.000 personas intentan escalarla. Aunque muy pocas lo harán con la mochila de ilusión y coraje con la que lo coronaron, el pasado otoño, cinco españolas que acababan de superar un cáncer de mama. La Asociación Española contra el Cáncer, Seguros Pelayo y Universo Mujer las pusieron en contacto. Estas entidades patrocinaron una aventura que pretendía demostrar que hay vida después del cáncer.

Eran cinco desconocidas que se enfrentaban a un reto compartido: superar el cáncer de mama. Carmen González-Meneses, Eva García Romo, María Barrabés, Araceli Oubiña y Rosa Fernández son cinco de las 25.000 mujeres a las que se les diagnostica anualmente el cáncer de mama en España. Es el más común entre las mujeres, sí, pero también uno de los que presentan una supervivencia más alta -del 82´8% de los casos en nuestro país-. Ellas lo consiguieron. Y para entonces ya eran cinco conocidas que se enfrentaban a un reto compartido: subir el KIlimanjaro. Se pusieron en contacto cuando aún estaban superando los escollos de esta enfermedad, para hacer los preparativos necesarios para encarar la escalada. “Nos hicimos amigas antes incluso de conocernos físicamente”, recuerda Carmen González-Meneses, “compartíamos nuestras experiencias en un grupo de Whatsapp, así que cuando nos vimos todas en África fue como un reencuentro de viejas amigas”.

 

El Kilimanjaro tiene unos 6.000 metros de altura. Supone un reto para cualquier escalador experimentado, pero estas cinco mujeres, de entre 40 y 50 años, venían de librar una batalla mucho más dura así que no se amedrentaron. No obstante González-Meneses traza un paralelismo entre la lucha contra la enfermedad y el ascenso a esta complicada montaña. “Ambos son procesos lentos, en los que te tienes que aclimatar” comenta, “A veces hay que subir, a veces hay que bajar y a pesar de ello nunca puedes tirar la toalla. Tienes a todo un equipo ayudándote, con un guía que te echa una mano en los momentos más difíciles. En la enfermedad pasa lo mismo, tienes un equipo médico pendiente de ti. Sin embargo” concluye, “el cáncer es más difícil, porque la montaña la eliges tú, la enfermedad no, es ella la que te elige a ti”.

Esta notaria valenciana de 48 años también encuentra un paralelismo entre la lección que ha aprendido de una y otra experiencia: “te hace ser más humilde”. “A mi la vida me sonreía”, relata, “era una mujer sana con una vida activa y piensas ’esto no me va a tocar a mí’, pero te toca. Hay que luchar contra esto, incluso de forma preventiva”, aconseja. “Respecto a la montaña” continúa, “pasa lo mismo, crees que puedes con todo pero a veces hay que saber que no, que igual hoy no puedes subir a la cima y hay que esperar”. Carmen, Araceli, Rosa, María y Eva esperaron. Hubo algún momento en el que temieron por su seguridad, hubo algún momento en el que pensaron que no lo lograrían, pero lo hicieron. González-Meneses recuerda ese día con una especial nostalgia. “La sensación que sentimos no se puede describir”, asegura, para después lanzarse a hacerlo, a transmitir las ganas, la sensación de triunfo y de superación personal que las convirtió, una vez más, en heroínas.