Que las ciudades son cada vez más manejables es algo que ha ido contagiándose de país a país sin acuerdo aparente. Los urbanistas dieron un golpe en la mesa a principios del siglo XX y el caos en el que se sumían las grandes urbes consiguió ordenarse y hacer la vida de sus ciudadanos un poco más agradable. En los últimos años, la eclosión de la bicicleta ha limpiado algo la atmósfera de los centros urbanos. Pero siguen coexistiendo coches, autobuses, motos, patinetes y hasta tranvías en una notable armonía.

Ser prudente y respetuoso lo hacen realidad, como lo explicaba en nuestro blog una periodista experta en seguridad vial. Llevar un buen seguro, también. Vamos a los datos: entre 2012 y 2014, tres ciudades españolas de más de 100.000 habitantes como Alcalá de Henares (Madrid), L’Hospitalet de Llobregat (Cataluña) o Vitoria no registraron ningún accidente mortal. Y hasta once cumplieron esta máxima durante 12 meses consecutivos. Estas cifras son sorprendentes si tenemos en cuenta que, según la Dirección General de Tráfico (DGT), solo en 2013 hubo 52.200 accidentes urbanos con 450 fallecidos.

Los resultados son alentadores tanto para los usuarios, más cuidadosos, como para los viandantes, más tranquilos. Un estudio de la empresa Grass Roots, que presentó en febrero del año pasado un manifiesto a favor del fomento de la bicicleta, asegura que un aumento del 20% en el uso de este medio de transporte supondría un ahorro de 500 millones de euros a las arcas del Estado. Este incremento viene alentado por la venta de 780.000 bicis en 2012 y una media del 8% que las utiliza habitualmente.

“La mirada hacia el ciclista ha cambiado”, recuerda Pedro Malpica, “y el ciclismo urbano está en la agenda”. Lo que sostiene este experto en movilidad sostenible y profesor de la Universidad de Sevilla no es algo científico ni un mero aporte estadístico. Es un reflejo visible de lo que observamos cada instante: es raro no cruzarse en un mismo punto de la ciudad con tres tipos de transporte diferente y percibir que los tiempos, como decía la canción, han cambiado.

Los tiempos y las personas: la ciudad ahora es de ellas. Tanto sobre cuatro como sobre dos ruedas, los conductores circulan más cómodos. En parte por las adaptaciones de su entorno y en parte por su propia consciencia, que les empuja a proveerse de un buen seguro de responsabilidad civil para reparar daños a terceros y de un seguro del vehículo que le protege de robos u otros incidentes. Desde hace años, ni estos ni el asfalto son ninguna barrera. Sea el transporte que sea.