Parecerá una tontería, pero una fiesta de cumpleaños sorpresa requiere mucha planificación… y tranquilidad.

Los más pequeños lo viven como si fuera su propia fiesta, porque en realidad es su propia fiesta, aunque tú seas la excusa. Se dejan los pulmones inflando globos de colores, colocando las serpentinas en los lugares estratégicos, enganchando las guirnaldas de papel en cada esquina… y claro, cerciorándose de que la tarta está en su punto… Bueno, esta actividad entraña sus riesgos. Siempre les asalta la duda de si seguirá estando en su punto, por lo que vuelven a probarla una y otra vez. Menos mal que tu madre tiene otra tarta de repuesto. Y en esa tarta ¡incluso está tu cara! Eso te llega al alma, es obvio que una tarta así hay que planificarla con cuidado, encargarla y protegerla contra cualquier imprevisto ¡es tu tarta!.

Lo cierto es que todo está preparado para ti, y tú no sabías nada… ¡Hacía tanto tiempo que no celebrabas tu cumpleaños! Por una cosa o por otra; por estar o por no estar, por ser una cifra no redonda o porque ese año no había sido tan bueno… Pero esta vez sí, y además han venido todos, y te han querido dar la sorpresa.

Cada detalle está elegido con cariño. Miras esa casa que te ha visto crecer, los imanes y las notas en la nevera, esas fotos enmarcadas con algunos que ya no están, esas sillas que tantos años han sostenido tu peso (bueno, tampoco pesas tanto, no tiene tanto mérito). Y de nuevo la mesa en el centro, y la tarta con tu rostro; recuerdas esa foto, cuando te la hicieron el año pasado nunca pensaste en que terminarías siendo comestible.

Vuelves a mirar las guirnaldas, y a tus hermanos pequeños, y a tus padres… y sientes lo que es la seguridad. Todo forma parte de tu vida. Todo forma parte de ti. Felicidades.

¿Sabes cómo Pelayo quiere formar parte de tu vida? Echa un vistazo a este video.