XV Edición Equipo BTT Pelayo: crónica de cuatro días en bicicleta de montaña

XV Edición Equipo BTT Pelayo: crónica de cuatro días en bicicleta de montaña

El pasado 8 de octubre, nuestro Presidente, acompañado del Director General, dio la salida de la la XV Edición del BTT Pelayo Team, en la que varios empleados de nuestra compañía, subidos en sus bicis, se encargan de trasladar los valores de esfuerzo, trabajo en equipo y vida saludable por toda nuestra geografía. A continuación podrás leer la crónica de esta aventura, narrada por ellos mismos.

Etapa 1: De Chamberí a Robledo de Chavela.

bicis1Celebramos nuestro decimoquinto cumpleaños saliendo de nuestra Sede Social en Santa Engracia  de la mano de nuestro Presidente y nuestro Director General,  arropados por  los colores de la Mutua.

El objetivo de esta ruta es llegar a Lisboa en dos ediciones, 2018/2019, a razón de unos 90 km. diarios de montaña atravesando la sierra de Madrid, sus hermosas dehesas y sendereando por unos maravillosos paisajes plagados de reses bravas.

La salida es urbana pero muy bonita,  desde Chamberí al Parque del Oeste hasta enlazar con la Casa de Campo, ese pulmón bendecido por el Manzanares.  Desde allí,  nos dirigimos a Boadilla y Majadahonda bordeando La Finca y las autopistas que alimentan la ciudad. Circunvalamos el embalse de Valmayor,  no sin antes calmar la sed en la plaza del Ayuntamiento de Colmenarejo. Rumbo al Escorial pasamos por Galapagar h3bcb07a9-f9e1-4aa5-aeae-686e8c12ff7aasta llegar a la inmensa plaza del Monasterio donde repusimos fuerzas en dirección a la silla de Felipe II, un roquedal granítico magnífico desde donde el monarca contemplaba la evolución de las obras. Seguimos campo a través hasta Robledondo donde tomamos un café para afrontar los últimos kilómetros de la ruta.

Llegamos a Robledo de Chavela a las 17:20 sanos y salvos, sin más compromiso que disfrutar de un hermoso día y de la historia de esta hermosa tierra capitalina. La ruta ha salido por 85 km y un desnivel positivo de 1.255 metros.

Mañana saldremos rumbo a Burgohondo, camino de la tierra de Santa Teresa.

Etapa 2. De Robledo de Chavela a Burgohondo

FOTO ETAPA 2.Arrancamos desde Robledo de Chavela a las 9:30 con buen tiempo atravesando los arrabales que lo circundan, hasta atravesar el pueblo rumbo a Valdemaqueda. Tras una espectacular bajada por pista forestal y camino llegamos al río. Desde allí serpenteamos la montaña que lo cobija hasta llegar a bajarnos de las bicis por lo escarpado del terreno en la bajada, imposible d realizar pedaleando.

Continuamos un tramo en carretera hasta llegar luego a un desvío por un parque natural,  abandonando la AV-561 y dando rienda suelta a una preciosa bajada entre pinares donde al único que encontramos fue al guarda forestal entre carteles de “prohibido coger setas y hacer fuego”. Al fondo del valle se atisbaban los viñedos, pequeños, esparcidos de uvas minúsculas y de muy poco aprovechamiento, por lo que vimos más bien o tal vez abandonados a la mano de Dios y de las cabras que pastaban más allá, a sus anchas, esclavas del carril de un cabrero joven y marginal sin aparente preocupación más allá de encontrar nuevos pastos. Tras una larga y fuerte subida, salimos al cementerio de Cebreros;  de allí al pueblo por un carril bici de lujo, donde los fondos públicos no regatearon recursos.FOTOS ETAPA 2

El debate se centró en cómo salir de Cebreros;  no faltaron vecinos con versiones diferentes y una viuda en busca de ciclista disponible ¡salimos a la carrera temblando, en dirección al Tiemblo! Allí habíamos quedado para comer con el equipo B.

Un camino  de hormigón nos llevó a la Ermita de Nuestra Señora de Valsordo, un espacio natural espectacularmente urbanizado para el festejo anual con una particularidad: en las juntas de las piedras meten clavos de hierro para reforzaras, dándole un aspecto más adusto. Continuamos pista y en un momento nos perdimos entre encinas y granito acabando por el suelo varios miembros del equipo. Retomamos el hormigón y rumbo la plaza del Ayuntamiento del Tiemblo, donde repostamos en condiciones al calor del sol de la mañana.

Desde allí el equipo se dividió, carretera y montaña, para garantizar la llegada de todos según sus fuerzas y recurso. En la parte de montaña bajamos al embalse y cogimos un sendero que circunvala a este, pinchamos dos veces y sufrimos más de lo debido hasta alcanzar el segundo embalse del Burguillo. Ya camino de la Casa del Parque vuelta a pinchar, hasta rodear una espectacular zona de recreo (ahora deshabitada, pero a buen seguro masificada en verano) desde donde se accede a  embarcaderos, paseos a caballo, casas rurales, camping, etc. sin que falten caballos pastando y ganado.

Dejamos la carretera principal y acabamos en un pueblecillo al lado del pantano serpenteando todo su litoral, no sin dejar de sufrir los tramos “rompepiernas” llenos de arena y piedra hasta culminar en una zona escarpada de complejísima conducción o, como se dice ahora en los manuales, muy técnica, teniendo que bajarnos de la bici más veces de las acostumbradas. Dejamos paso a dos burros que en venían desaforados delante de un buen hombre que los devolvía a un campo del que se escaparon. Senderos de una sola dirección, piedra y cantos rodados, con un espectacular paisaje a la derecha dominado por las aguas del pantano.FOTO ETAPA 2

Dejamos la presa ya por un camino mejor trazado hata el Rincón y de ahí por carretera agotamos los últimos 15 kilómetros de la jornada hasta culminar los 77 KM planeados para la ruta de ese día.

Una etapa dura, de las que hacen mella para el día siguiente, donde nos enfrentaremos a dos puertos nada más salir y lo peor: previsible día de lluvia que todo lo hace más difícil y a veces imposible de acometer si el barro domina el camino.

Todos bien y todo bien, nada más que pedir.

Etapa 3. De Burgohondo a Hoyos del Espino.

142076e1-f772-432d-b9f4-0deecaa33a3cAmaneció fresco en Burgohondo tras una noche escasamente lluviosa pero suficiente para dejar claro el riesgo de que la jornada se pusiera especialmente dura. Afortunadamente, salimos sin novedad y con buen tiempo que al poco que empezamos a escalar los montes cercanos hizo que toda ropa fuese demasiada. Ávila es sobria, granito y pinares aderezados por un paisanaje con ganas de conversar, tal vez por la escasa gente con que puedes compartir aventuras en estos lares.

Nos hospedamos en Casa Teodosio, fundada en 1.966 y el aledaño Hostal El Alberche, un sitio con una atención encantadora absolutamente recomendable. Allí tuvimos la fenomenal sorpresa de encontrarnos con Jose Antonio Flores, un excompañero de Pelayo con el que compartimos unos gratos recuerdos profesionales y personales.

Seguimos en dirección a Navalosa, tomando ruta por carretera según track y cogiendo tramos del GR10 durísimos tanto para bajar como para subir, hasta acabar en un cigarral en que un buen hombre nos invitó a compartir unos buenos melocotones. Según sus palabras, éramos la primera compañía con la que conversó en el mes. Nada extraño a juzgar por el lugar donde tiene sus dominios y el difícil acceso de la finca. Alli nos dimos la vuelta una vez más al confundir el ultimo cruce de caminos; es el sino del cicloturista en BTT.

f191d74e-bf72-41f7-a509-e03a591e6bf1En Navalosa, ya superados los 1.500 metros de altitud, compartimos con Miguel Ángel, el conductor del vehículo de apoyo, un buen tentempié y  dimos que pensar a una buena lugareña nonagenaria que acarreaba con destreza un caldero de pimientos sorprendida por el despliegue del grupo.

Si pasáis por Navalosa no dejéis de pararos ante una originalísima escultura del autor local Juan Jesus Villaverde, hecha con cadenas de bicicleta, recordando la mitología del lugar en honor al Cucurrumacho, realmente admirable y que requeriría mejor sitio.

Bajamos hacia nuestro destino, San Martín del Pimpollar, suspirando porque el tiempo se mantuviera seco como hasta ahora. Hay una extensa red de senderos en El Alberche, dignos de recorrer con más calma que la que nosotros tenemos. Nos adentramos en un hermoso pinar, saliendo de la carretera con más voluntad que acierto, y tuvimos que retornar tras media hora perdidos en estos parajes de excepcional belleza que nos hacen olvidar las vueltas y revueltas.

Salimos de San Martín a la nacional V en dirección al Parador Nacional de Gredos pasando por el Puerto del Arenal en dirección a Navarredonda.

La Sierra de Gredos nos recibe imponente, granítica y con aire de cara, anunciándonos que vamos camino del invierno, bajo el a0e5887a-7643-4286-abe5-20fa572dae66manto de una majestuosa águila real sobre el infinito cielo. Sufrimos bien la interminable subida hasta el Parador de Gredos, el primero de España, para acometer ya la bajada a Navarredonda hasta el bar el Cruce. Este bar nos acogió como si fuéramos ya viejos clientes. Está regido por Cristina y  su esposo, un asturiano de Cangas de Onís, y contando además con la compañía del que fuera Director del hotel Pelayo en Covadonga. Un sitio de referencia para hacer un alto en el camino premiado por sus sabrosas tapas.

Afrontamos ya los últimos kilómetros por una pista que va a la plaza de Toros, donde Joaquín toreó un par de “torillos” en plena plaza, apuntando maneras. Dejamos atrás las últimas cuadras y partimos en dirección a Hoyos de Pinar por una pista forestal que derivó en camino, que luego derivó en sendero, que a poco derivó en campo a través y que gracias a la mano divina acabó en un tortuoso pedregal por el que dimos con la pista que nunca debimos perder.

Todo en orden, bajamos a la vera del río entre reses bravas y hermosos pinares, hasta llegar a unas piscinas naturales muy bonitas llamadas los “Chorros del Tormes”. No hubo valor para un buen baño aunque la ocasión lo merecía.

Ya entrados por la pista que recorre los campamentos de verano y los prados que acogen reses, avuleñas, pardas, negras, etc. llegamos bajo un estupendo sol a nuestro destino, el Hotel los Galayos.

Mandamos desde aquí un fuerte abrazo a nuestro inigualable Josetxo, Agente en Donosti/Irún, con el que hubiéramos disfrutado serpenteando por estas montañas de Gredos como solo él lo sabe hacer, y que no ha podido acompañarnos por vicisitudes de última hora.

Un día más de paisajes y paisanajes, de equipaciones y equipo, de vidas y vivencias bajo los valores de nuestra empresa.

 

Etapa 4. De Hoyos del Espino a Jerte.

dd556d98-d4a1-4efc-8485-38b8e2f29c70Bajo un amanecer plomizo y frío hizo presencia el “mal del ciclista”, la temida lluvia. Nos alojamos en el Hotel los Galayos, buen servicio y unos medios correctos, con un trato muy afable que nos hizo sentir como en casa. Un lugar a recomendar, sin duda por la voluntad que ponen sus propietarios en facilitarte la estancia. No es menor la posibilidad de limpiar las bicis en el propio hotel y dejarlas a buen recaudo en el garaje del mismo.

Aquí todos los garajes están llenos de productos de la huerta local: pimientos, patatas, verduras, etc. muchos de ellos cultivados por las misma familias. La incorporación de la inmigración al sector hostelero es una señal clara de la falta de mano de obra local y da un toque multicultural a poblaciones donde la edad media de la clientela local supera con creces la de la jubilación, constatándose una vez más el abandono del ámbito rural sin solución alguna.

El track marca carretera y tomamos la salida tras un opíparo desayuno hacia el Barco de Ávila. Nada reseñable del paisaje ni el paisanaje, más allá del sufrimiento que impone pedalear bajo una lluvia persistente y gélida. Es más bien de bajada con escasos tramos de subida, y cuanto más rápido vamos, más impacta el agua obstaculizando la correcta visibilidad. Aquí se pone a prueba el material, las bicis y la ropa, siendo todo poco para abreviar el camino.

Llegamos a Barco de Ávila por el Parque de Maquinaria ante la Benemérita. Barco es un pueblo con una fuerte vida comercial y2f41a142-0ba3-438c-bf1c-5055778c5ef5 un intenso trasiego de coches. En lo alto, lo que otrora fue fotaleza acastillada y en lo bajo un precioso puente a la vera de cuyos ojos nos paramos para inmortalizar el momento en un receso de la lluvia.

Seguimos en  dirección al Puerto de Cuernavaca por un tramo de carretera y contra pronóstico vemos acceso a pista a la izquierda. Seguimos a Luis Carlos, que para eso se ha ocupado con esmero de meter desde Wikilok los tracks a seguir. Nos dividimos y solo tres optamos por un camino bajando a una preciosa área de descanso, una constante en toda la zona, muy bien urbanizada y desde la que se toma dirección a una venta sita a medio camino del puerto.

Tras serpentear al lado de río unos 6 km. llegamos de nuevo a la carretera y ante lo imposible que se ha puesto el tiempo, nos refugiamos en un chigre llamado “El Ventorro” a tomar un café. Es una casa/bar o al revés, como se quiera, regentado por una familia entrañable y atendido por Benita, una septuagenaria con la que rápido nos entendimos: de primero café, de segundo huevos fritos con torreznos, de tercero chorizo y, para bajar todo, otro café. Rápido se sumó el equipo B con Germán Caamaño a la cabeza, un colaborador de Pelayo, medio gallego, que vino desde Pucela la noche anterior para recordar viejos tiempos cuando empezó esta aventura allá en el Camino de Santiago.

foto con BenitaCon pena dejamos a Benita en tan buenas manos como son las de nuestras compañeras Marta y Titi, dado que Miguel Ángel tenía que preparar la llegada.

Os cuento la estructura del Bar-casa para que veáis que todo modelo de negocio llevado con devoción tiene un hueco en el corazón del consumidor: hall grande con barra a derecha que no admite “apoyabrazos”, a izquierda cocina de la casa separada por tabique y ventana desde la cual pueden ver a la clientela, en el centro dos mesas revestidas con unos hules nostálgicos sesenteros; al fondo la escalera del piso superior y un baño completísimo con ducha y todo.

Llegamos solos y a medida que pasaba el tiempo había más gente en la cocina que en el bar, todo con un tinte de normalidad que es difícil de entender para urbanitas como nosotros.

Seguimos con fortísimo temporal hacia Cuernavaca atravesando Puerto Castilla con densa niebla y culminando el Puerto con aire de cara que apenas dejaba bajar la bici. Al poco empieza a cambiar el paisaje, con numerosos cerezos y castaños bordeando la carretera, que ya nos hubiera gustado ver con un buen día de sol en todo su esplendor.

Tras 17 km de bajada llegamos a Jerte, donde ya estaba el resto de equipo en plena forma dando buena cuenta de las viandas de la zona. El restaurante tenía un pase de normalidad aparentando el complejo más de lo que es. Por otro lado, el hotel sustancialmente mejorable y no recomendable a quien estimes. Son estos lances, con una de cal y una de arena, lo que nos hace más equipo y lo que nos da nuevos motivos para compartir nuevas aventuras.

ce5068ea-e733-4440-9d44-5d7e91fcf4deAnte las perspectivas meteorológicas decidimos neutralizar la etapa del viernes por lo que nos fuimos a visitar Plasencia, su original catedral en dos estilos (románico y gótico), su judería y su excepcional Parador Nacional. Cenamos en el Restaurante Crespo unos buenos chuletones que aseguraron  que el año que viene este será nuestro punto de encuentro en la cena del día anterior a la salida.

Un año más, ha sido un placer compartir con una gente excepcional cuatro días disfrutando de esta preciosa España tan dispar y tan igual según los ojos con que la veamos.

Desde aquí invitamos a cualquiera que tenga relación con Pelayo, bien sea colaborador, cliente o amigo, a disfrutar de unos días haciendo vida sana y conociendo la piel de toro desde una perspectiva centrada más en lo humano, en el paisaje y, sobre todo, en el paisanaje. Solo se requiere invertir en equipamiento, ahorrar un poco, y tener disponibilidad en la semana del 12 de octubre. Los detalles os lo contaremos en persona.

¡Viva Pelayo! ¡Puxa Pelayo! ¡Gora Pelayo! ¡Visca Pelayo! ¡Forza Pelayo!